El Voto de los indecisos: la factura que la política se niega a pagar
Por Rafael Jiménez
Cada vez más ciudadanos no se sienten representados por ningún proyecto político. Muchos se declaran indecisos o han perdido la confianza en quienes antes apoyaban.
La razón es clara: la política ha perdido credibilidad por el uso y abandono de su propia base.
En campaña abundan las promesas de unidad y participación. Dirigentes y militantes trabajan, convencen y se sacrifican. Pero tras la victoria, muchos son olvidados.
En su lugar aparecen los “paracaidistas políticos”, que no participaron en el proceso pero ocupan los espacios ganados por otros.
Esto genera frustración y desmovilización. Un dirigente decepcionado no se va solo: arrastra a su entorno y debilita la estructura política.
Por eso crece el voto indeciso: no por desinterés, sino por falta de confianza.
La gente está cansada de ser útil solo en campaña y luego ser ignorada. También de promesas de participación que nunca se cumplen.
Algunos dirigentes solo recuerdan a su equipo cuando necesitan votos o apoyo, pero desaparecen cuando llega el reconocimiento.
Así se genera resentimiento, no liderazgo.
La lealtad tiene memoria: quien trabajó por un proyecto espera ser valorado cuando este triunfa.
Los indecisos, en muchos casos, no han dejado la política, solo buscan razones para volver a creer.
Si nada cambia, seguirán creciendo. Y el futuro político dependerá menos del dinero o la propaganda y más de algo esencial: la confianza.
Porque la confianza no se compra: se gana, y una vez perdida, es muy difícil recuperarla.




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