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El Peligroso "Alzheimer Político": Promesas Olvidadas al Alcanzar el Poder

 

El Peligroso "Alzheimer Político": Promesas Olvidadas al Alcanzar el Poder

La falta de memoria selectiva de los políticos compromete la credibilidad y erosiona la confianza ciudadana, afectando no solo la relación con el electorado sino las futuras aspiraciones de quienes ejercen la función pública.

Existe una figura, empleada de forma metafórica pero tristemente ilustrativa, que cada vez toma más relevancia en la esfera pública: el "Alzheimer de los políticos". Lejos de ser una condición médica, se trata de un patrón de conducta deliberado y peligroso: el olvido conveniente de los compromisos adquiridos una vez que se accede al poder. Esta práctica, especialmente dañina cuando emana de figuras de alto rango, no solo socava la credibilidad de quienes la ejercen, sino que pone en jaque su liderazgo y sus posibilidades de permanecer activos en la vida pública.

El ciclo es repetitivo y, para muchos, dolorosamente familiar. Candidatos recorren calles, estrechan manos, pronuncian discursos encendidos y, sobre todo, contraen promesas con ciudadanos, dirigentes vecinales y grupos comunitarios. Sin embargo, el momento en que el triunfo electoral se materializa y la curul o el cargo son obtenidos, sobreviene un presunto "olvido selectivo". Las prioridades que una vez se declararon urgentes descienden en la escala de importancia hasta el punto de ser archivadas, quedando tan solo en la memoria de aquellos que creyeron en ellas.

Alcaldes, senadores, diputados y regidores no escapan a esta tendencia. En lugar de mantener un registro detallado y dar seguimiento a las obligaciones asumidas, muchos optan por la informalidad de la memoria. Esta improvisación se traduce, invariablemente, en una cascada de incumplimientos que deteriora significativamente la relación tanto con sus equipos de trabajo como con la ciudadanía en general.

La paradoja de esta situación es que los mayores perjudicados terminan siendo los propios actores políticos. Cada promesa rota se traduce en un voto perdido, una grieta en la confianza pública y una puerta que se cierra de cara a futuras aspiraciones. La política, si bien puede perdonar errores, rara vez olvida el incumplimiento sistemático de la palabra dada.

Un dirigente que aspire a ser considerado serio debe entender que la legitimidad no se forja únicamente con retórica, sino con acciones concretas. El valor de la palabra empeñada en el ámbito político es incalculable, y una vez que se pierde la fe en ella, ningún discurso elaborado o estrategia de comunicación logra recomponer la credibilidad erosionada.

En definitiva, la memoria a corto plazo no es una cualidad deseable en política; la responsabilidad lo es. Quienes ven en el olvido una herramienta de gobierno, suelen enfrentarse a la amnesia del electorado en las urnas, un órgano de memoria infalible que cobra, diligentemente, cada promesa incumplida.

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