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Política en Jaque: La Peligrosa Informalidad en el Ejercicio del Poder


Política en Jaque: La Peligrosa Informalidad en el Ejercicio del Poder


Por Rafael Jiménez

La arena política se encuentra en una encrucijada preocupante, marcada por una alarmante tendencia hacia la informalidad, la improvisación y un compromiso superficial con el servicio público. Cuando aquellos a quienes la ciudadanía confía las riendas del poder —ya sea a nivel municipal, congresual o presidencial— asumen sus cargos sin una visión estratégica de Estado ni un profundo sentido del deber, las cimientos de nuestras instituciones se resquebrajan, y la confianza de la población se desmorona.

Este dilema trasciende las meras fallas estructurales; reside en una problemática de actitud. Un número considerable de políticos llega al poder impulsado por el arduo trabajo y la dedicación de dirigentes de base y líderes comunitarios. Estos pilares movilizan, organizan y aseguran el respaldo electoral en cada contienda. Sin embargo, el reconocimiento, la capacitación y la participación significativa de estos actores cruciales en la toma de decisiones suelen ser inexistentes. Son, en esencia, la fuerza motriz electoral, pero paradójicamente, quedan al margen del verdadero engranaje del poder.

Esta desconexión intrínseca fomenta una política meramente utilitaria, donde la lealtad de la militancia es vital durante las campañas pero convenientemente olvidada una vez que se alcanzan los cargos. Cuando la política se despoja de su propósito fundamental de transformar realidades y se limita a la mera consecución de victorias electorales, su esencia como motor de desarrollo y bienestar colectivo se diluye irremediablemente.

Para aspirar a un renacimiento de la credibilidad en la esfera política, resulta imperativo profesionalizar la gestión pública, blindar la ética en cada acción, integrar a las bases en procesos formativos continuos y, sobre todo, abrir canales genuinos de participación. El futuro de la política debe cimentarse sobre los pilares de la responsabilidad, la coherencia y un compromiso social inquebrantable, y no ser meramente un eco de discursos efímeros de temporada electoral.

Si se quiere rescatar la credibilidad en la actividad política, es imprescindible profesionalizar la gestión pública, fortalecer la ética, integrar a las bases en procesos formativos y abrir espacios reales de participación. La política del futuro debe construirse con responsabilidad, coherencia y compromiso social permanente, no solo con discursos de temporada electoral.

 

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